Se podria decir que el suicidio es el tabú por excelencia de las causas de muerte. El hecho es que el no hablarlo ni en casa, medios de comunicación, en família, en las escuelas… sólo provoca que se perpetúe. En todos los entornos se procura hablarlo lo mínimo posible. Como resultado, las personas crecen desinformadas y no pueden prevenir, comprender o ayudar a quién lo necesite. Es más, no pueden entenderse ni a sí mismas.

El suicidio es el resultado de una complicada secuencia de sucesos cognitivos y conductuales que se inician con la ideación, siguen con la planificación y finalizan con la intención de actuar.

Si bien es cierto que existe un vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales, no es algo que se de siempre de este modo. Habitualmente relacionamos los pensamientos o conductas suicidas con padecer depresión, o adicciones como el alcoholismo. Pero también hay que conocer que, en muchas ocasiones los casos de suicicio se producen en personas que se encuentran en crisis. Cuando una persona tiene mermadas sus capacidades para afrontar las tensiones de la vida, problemas económicos, sentimentales, malas notícias sobre salud…

Prevención del suicidio

COMUNICACIÓN

Educar en los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suïcidio.

EMOCIONES

Desarrollar durante la adolescència aptitudes socioemocionales para a la vida

DETECCIÓN PRECOZ

Con la información adecuada es posible evaluar y tratar las personas que tengan conductas suicidas y hacerles un seguimiento.

El suicidio no es un acto impulsivo. Por lo tanto, la prevención es posible cuando no hay improvisación ni impulsividad.

Bajo el impacto que significa morir y desaparecer de la vida de los demás, queda el luto por la absencia y la complejidad de todas las emociones mezcladas. Una persona que vive de cerca un suicidio se questionará el sentido de la vida, la suya propia y la de quién se quitó la vida. La mente buscará el sentido a esa muerte intencionada, haciendo hipótesis hasta caer rendida.

Sentimientos ante un suicidio

Culpabilidad: por no haber sido capaz de aferrar a la persona a la vida.

Rabia, odio e impotencia: porque se nos ha negado la oportunidad de generar esperanza o intentar apaciguar a la persona.

Alivio: de forma totalmente ambivalente, pero posiblemente una parte de nosotros notó o ha tomado conciencia ahora, de la infelicidad de la persona que se ha suicidado. Por lo tanto, empatiza mínimamente con el fon del dolor.

A menudo el suicidio está precedido por tentativas fracasadas que ponen a prueba el entorno y la autenticidad de las relaciones de una persona. Ser importante y significativo para otros, o estar presente en la vida de los demás. Son necesidades humanas genuinas que contribuyen a llenarnos la vida de sentido. La aceptación de las propias limitaciones ayuda a tolerar frustraciones. Promover el hecho de disfrutar de la propia existencia y generar esperanza a la hora de resolver dificultades es la mejor forma de acompañamiento a personas que han perdido esta perspectiva.

¿Qué relación hay entre las autolesiones y el suicidio?

Durante el año 2021 en España, el informe anual de la Fundación ANAR recogió un aumento del 244% en ideas suicidas en niños y adolescentes, respecto el año anterior.  Un augmento que registrava de forma paralela augmentos de otros trastornos:

  • Ansiedad (+289 %)
  • Baja autoestima (+212%) 
  • Depressión o tristeza (+87%). 

Todos los centros hospitalarios reportaron esta tendencia en relación al aumento de la demanda de atención. Motivado por las autolesiones, intentos de suicidio… Vemos el ejemplo concreto del Hospital Maternoinfantil Sant Joan de Déu de Barcelona. Ahí pasaron de atender 4 intentos de suicidio a 20, semanalmente.

Cada dia 10 de septiembre se visibiliza esta problemática social. Hoy más que nunca, el suïcidio requiere más sensibilización e información, ante el claro impacto que ha tenido la COVID-19 en el bienestar emocional y la salud mental. Las personas jóvenes y adolescentes son de los colectivos más afectados.

Los suicidios e intentos de suicidio tienen un  efecto dominó que afecta no solamente a las personas, sinó también a las famílias, las comunidads y las sociedades. La OMS reconoce el suicidio como prioridad para la salud pública.

El tabú que rodea al suicidio impide que se hable abiertamente de él. Hablar del suicidio como la peor forma de morir sólo dificulta romper estos muros de silencio. Su prevención es una necesidad y obligación que tenemos como sociedad, se trata de muertes evitables. En el caso de que las muertes sean niños o adolescentes, el fenómeno empeora, convirtiéndose en más doloroso todavía. No es nuevo que la muerte por suicidio es la primera causa de muerte no natural entre este grupo demográfico. Pero lo que debe hacernos cambiar de actitud es que las cifras de intento de suicidio post Covid han augmentado exponencialmente.