Se caracteriza por un estado casi persistente de ansiedad que no responde a una situación concreta. La persona vive en un estado de ansiedad y preocupación constante sobre una amplia gama de eventos (salud, familia, trabajo, dinero) de otras veces se hace más difícil determinar el origen de la ansiedad. La persona suele anticipar siempre un desastre, a preocuparse en exceso, a tener una respuesta ansiosa desproporcionada a lo que requiere la situación.

Este estado de preocupación y tensión suele ir acompañada de síntomas físicos, especialmente fatiga, dolores de cabeza, tensión, dolor muscular, dificultad en la deglución, temblores, irritabilidad, dificultades para dormir (insomnio de conciliación o mantenimiento), de concentración …

Cuando estos síntomas son severos pueden acabar limitando y generando un malestar clínicamente significativo a la persona que los padece.